OSCAR 的个人资料hoy es siempre todavia; ...照片日志列表 工具 帮助

ROBADO FERRUELO OSCAR

My Custom Part|true|

hoy es siempre todavia; toda la vida es ahora

porke ayer no lo hicimos; porke mañana es tarde....; AHORA
2008年2月

la llave de la felicidad

 

Cuenta la leyenda que antes de que la humanidad existiera,se reunieron varios duendes para hacer una travesura.
Uno de ellos djo:

- Pronto serán creados los humanos. No es justo que tengan tantas virtudes y tantas posibilidades. Deberíamos hacer algo para que les sea más difícil seguir adelante. Llenémoslos de vicios y de defectos;eso los destruirá.

El más anciano de los duendes dijo:

- Está previsto que tengan defectos y dobleces, pero eso sólo servirá para hacerlos más completos. Creo que debemos privarlos de algo que, aunque sea, les haga vivir cada día un desafío.

- ¡¡¡Qué divertido!!!_ dijeron todos.

Pero un joveny astuto duende, desde un rincón, comentó:

- Deberíamos quitarles algo que sea importante...¿pero qué?

Después de mucho pensar, el viejo duende exclamó: - ¡Ya sé! Vamos a quitarles la llave de la felicidad.

- ¡Maravilloso... fantástico...excelente idea! _ gritaron los
duendes mientras bailaban alrededor de un caldero.

El viejo duende siguió: - El problema va a ser donde esconderla para que no puedan encontrarla.

El primero de ellos volvió a tomar la palabra:
- Vamos a esconderla en la cima del monte más alto del mundo.

A lo que otro miembro repuso:
- No, recuerda que tienen fuerza y son tenaces, escalarían el monte y el desafío terminará.

El tercer duende dijo:
- Escondámosla en el fondo del mar, no dijo otro, recuerda que
tienen curiosidad, alquien inventará una máquina para bajar y la encontraría.

El tercero dijo:
- Elijamos algún planeta. A lo cual los otros dijeron: no,
recuerda su inteligencia, algún día inventarán una nave que pueda viajar a otros planetas y la descubrirán.

Un duende viejo, que había estado escuchando en silencio se puso de pie y dijo:
- Creo saber dónde ponerla, debemos esconderla donde nunca la
buscarían

Todos voltearon asombrados y preguntaron.
- ¿Dónde?

El duende respondió:
- La esconderemos DENTRO DE ELLOS MISMOS... muy cerca de su corazón.

La risa y los aplausos se multiplicaron. Todos los duendes reían:
- ¡ Ja...Ja... Ja...! Estarán tan ocupados buscándola fuera,
desesperados, sin saber que la traen consigo todo el tiempo.

El joven escéptico acotó:
- Los hombres tienen el deseo de ser felices, tarde o temprano alguien será suficientemente sabio para descubrirla y se lo dirá a todos.

- Quizás suceda así _ dijo el más anciano de los duendes_,
pero los hombres también poseen una innata desconfianza de las cosas simples. Si ese hombre llegara a existir y revelara que el secreto está escondido en el interior de cada uno .... nadie le creerá.

 

 

 

JORGE BUCAY

2007年6月

Quiero

"Quiero que me oigas sin juzgarme
Quiero que opines sin aconsejarme
Quiero que confíes en mí sin exigirme
Quiero que me ayudes sin intentar decidir por mí
Quiero que me cuides sin anularme
Quiero que me mires sin proyectar tus cosas en mí
Quiero que me abraces sin asfiiarme
Quiero que me animes sin empujarme
Quiero que me sostengas sin hacerte cargo de mí

Quiero que me protjeas sin mentiras
Quiero que te acerques sin invadirme
Quiero que conozcas las cosas mías que más te disgusten
Que las aceptes y no pretendas cambiarlas
Quiero que sepas... que hoy puedes contar conmigo... Sin condiciones"

 

 

JORGE BUCAY


2007年5月

con los ojos cerrados

Me dice que a veces, cuando suena el despertador y abre los ojos, no encuentra razones para levantarse de la cama y seguir viviendo. Durante un tiempo probó con una radio despertador, pero aún fue peor, como si un coro de grillos le gritara al oído una cháchara estúpida, pura comedia, la farsa de este mundo nuestro, me dice. Ahora utiliza otra estrategia: cierra los ojos, y como si fuera un ciego reciente, tantea el suelo con los pies para ponerse las zapatillas e ir al cuarto de baño, donde torpemente se afeita, se lava los dientes y se ducha. Todo el rato con los ojos cerrados. Y luego va palpando las paredes hasta la cocina, y a tientas busca las cerillas y a tientas enciende el gas para prepararse el desayuno. Y así continua hasta que la angustia le obliga a abrir los ojos, con la misma desesperación de un náufrago que braceara en el agua para no ahogarse. Sólo así, me dice, consigue aferrarse a la vida, que se le escapa día a día. Nunca sabe en qué momento va a ocurrir, pero hasta ahora siempre ha abierto los ojos. Aunque dice que ha empezado a tener miedo, mucho miedo, porque la última vez llegó hasta el aparcamiento con los ojos cerrados, y sólo cuando estuvo dentro del coche y con el motor ya en marcha, sólo entonces sintió la necesidad, una tibia necesidad, de abrirlos.

 

Eloy Serrano Barroso

2007年4月

para escribir un cuento en cinco minutos

Para escribir un cuento en sólo cinco minutos es necesario que consiga
—además de la tradicional pluma y del papel blanco, naturalmente— un diminuto reloj de arena, el cual le dará cumplida información tanto del paso del tiempo como de la vanidad e inutilidad de las cosas de esta vida; del concreto esfuerzo, por ende, que en ese instante está usted realizando. No se le ocurra ponerse delante de una de esas monótonas y monocolores paredes modernas, de ninguna manera; que su mirada se pierda en ese paisaje abierto que se extiende más allá de su ventana, en ese cielo donde las gaviotas y otras aves de mediano peso van dibujando la geometría de su satisfacción voladora. Es también necesario, aunque en un grado menor, que escuche música, cualquier canción de texto incomprensible para usted; una canción, por ejemplo, rusa. Una vez hecho esto, gire hacia dentro, muérdase la cola, mire con su telescopio particular hacia donde sus vísceras trabajan silenciosamente, pregúntele a su cuerpo si tiene frío, si tiene sed, frío-sed o cualquier otro tipo de angustia. En caso de que la respuesta fuera afirmativa, si, por ejemplo, siente un cosquilleo general, evite cualquier forma de preocupación, pues sería muy extraño que pudiera encaminar su trabajo ya en el primer intento. Contemple el reloj de arena, aún casi vacío en su compartimiento inferior, compruebe que todavía no ha pasado ni medio minuto. No se ponga nervioso, vaya tranquilamente hasta la cocina, a pasitos cortos, arrastrando los pies si eso es lo que le apetece. Beba un poco de agua —si viene helada no desaproveche la ocasión de mojarse el cuello— y antes de volver a sentarse ante la mesa eche una meada suave (en el retrete, se entiende, porque mearse en el pasillo no es, en principio, un atributo de lo literario).

Ahí siguen las gaviotas, ahí siguen los gorriones, y ahí sigue también —en la estantería que está a su izquierda— el grueso diccionario. Tómelo con sumo cuidado, como si tuviera electricidad, como si fuera una rubia platino. Escriba entonces —y no deje de escuchar con atención el sonido que produce la plumilla al raspar el papel— esta frase: Para escribir un cuento en sólo cinco minutos es necesario que consiga.

Ya tiene el comienzo, que no es poco, y apenas si han transcurrido dos minutos desde que se puso a trabajar. Y no sólo tiene la primera frase; tiene también, en ese grueso diccionario que sostiene con su mano izquierda, todo lo que le hace falta. Dentro de ese libro está todo, absolutamente todo; el poder de esas palabras, créame, es infinito.

Déjese llevar por el instinto, e imagine que usted, precisamente usted, es el Golem, un hombre o mujer hecho de letras, o mejor dicho, construido por signos. Que esas letras que le componen salgan al encuentro —como los cartuchos de dinamita que explotan por simpatía— de sus hermanas, esas hermanas dormilonas que descansan en el diccionario.

Ha pasado ya algún tiempo, pero una ojeada al reloj le demuestra que ni siquiera ha transcurrido aún la mitad del que tiene a su disposición.

Y  de pronto, como si fuera una estrella errante, la primera hermana se despierta y viene donde usted, entra dentro de su cabeza y se tumba, humildemente, en su cerebro. Debe transcribir inmediatamente esa palabra, y transcribirla en mayúsculas, pues ha crecido durante el viaje. Es una palabra corta, ágil y veloz; es la palabra RED.

Y es esa palabra la que pone en guardia a todas las demás, y un rumor, como el que se escucharía al abrir las puertas de una clase de dibujo, se apodera de toda la habitación. Al poco rato, otra palabra surge en su mano derecha; ay, amigo, se ha convertido usted en un prestidigitador involuntario. La segunda palabra desciende de la pluma deslizándose a dos manos para luego saltar a la plumilla y hacerse con la tinta un garabato. Este garabato dice: MANOS.

Como si abriera un sobre sorpresa; tira de la punta de ese hilo (perdóneme el tuteo, al fin y al cabo somos compañeros de viaje), tira de la punta de ese hilo, decía, como si abrieras un sobre sorpresa. Saluda a ese nuevo paisaje, a esa nueva frase que viene empaquetada en un paréntesis: (Sí, me cubrí el rostro con esta tupida red el día en que se me quemaron las manos.)

Ahora mismo se han cumplido los tres minutos. Pero he aquí que no has hecho sino escribir lo anterior cuando ya te vienen muchas oraciones más, muchísimas más, como mariposas nocturnas atraídas por una lámpara de gas. Tienes que elegir, es doloroso, pero tienes que elegir. Así pues, piénsatelo bien y abre el nuevo paréntesis: (La gente sentía piedad por mí. Sentía piedad, sobre todo, porque pensaba que también mi cara había resultado quemada; y yo estaba segura de que el secreto me hacía superior a todos ellos, de que así burlaba su morbosidad)

Todavía te quedan dos minutos. Ya no necesitas el diccionario, no te entretengas con él. Atiende sólo a tu fisión, a tu contagiosa enfermedad verbal que crece y crece sin parar. Por favor, no te demores en transcribir la tercera oración: (Saben que yo era una mujer hermosa y que doce hombres me enviaban flores cada día.)

Transcribe también la cuarta, que viene pisando los talones a la anterior, y que dice: (Uno de esos hombres se quemó la cara pensando que así ambos estaríamos en las mismas condiciones, en idéntica y dolorosa situación. Me escribió una carta diciéndome, ahora somos iguales, toma mi actitud como una prueba de amor.)

Y el último minuto comienza a vaciarse cuando tú vas ya por la penúltima frase: (Lloré amargamente durante muchas noches. Lloré por mi orgullo y por la humildad de mi amante; pensé que, en justa correspondencia, yo debía hacer lo mismo que él: quemarme la cara.)

Tienes que escribir la última nota en menos de cuarenta segundos, el tiempo se acaba: (Si dejé de hacerlo no fue por el sufrimiento físico ni por ningún otro temor, sino porque comprendí que una relación amorosa que empezara con esa fuerza habría de tener, necesariamente, una continuación mucho más prosaica. Por otro lado, no podía permitir que él conociera mi secreto, hubiera sido demasiado cruel. Por eso he ido esta noche a su casa. También él se cubría con un velo. Le he ofrecido mis pechos y nos hemos amado en silencio; era feliz cuando le clavé este cuchillo en el corazón. Y ahora sólo me queda llorar por mi mala suerte.)

Y cierra el paréntesis —dando así por terminado el cuento— en el mismo instante en que el último grano de arena cae en el reloj.
 
 
 
BERNARDO ATXAGA

2007年1月

el cuento de la ola

Cuando deje aquel mar, una ola se adelanto entre todas. Era esbelta y ligera. A pesar de los gritos de las otras, que la detenian por el vestido flotante, se colgo de mi brazo y se fue conmigo saltando. No quise decirle nada, porque me daba pena avergonzarla ante sus compañeras. Además, las miradas colericas de las mayores me paralizaron.

Cuando llegamos al pueblo, le expliqué que no podía ser, que la vida en la ciudad no era lo que ella pensaba en su ingenuidad de ola que nunca ha salido del mar. Me miro seria: "Su decisión estaba tomada. No podia volver."
 
 

Cuántas olas es una ola o como puede hacer playa o roca o rompeolas un muro, un pecho, una frente que corona de espumas! Hasta los rincones abandonados, los abyectos rincones del polvo y los detritus fueron tocados por sus manos ligeras. Todo se puso a sonreir y por todas partes brillaban dientes blancos. El sol entraba con gusto en las viejas habitaciones y se quedaba en casa por horas, cuando ya hacia tiempo que habia abandanado las otras casas, el barrio, la ciudad, el país. Y varias noches, ya tarde, las escandalizadas estrellas lo vieron salir de mi casa, a escondidas. El amor era un juego, una creacion perpetua. Todo era playa, arena, lecho de sábanas siempre frescas. Si la abrazaba, ella se erguia, increiblemente esbelta, como tallo liquido de un chopo; y de pronto esa delgadez florecia en un chorro de plumas blancas, en un penacho de risas de caian sobre mi cabeza y mi espalda y me cubrian de blancuras. O se extendia frenta a mi, infinita como el horizonte, hasta que yo también me hacia horizonte y silencio. Plena y sinuosa, me elvolvia como una musica o unos labios inmensos. Su presencia era un ir y venir de caricias, de rumores, de besos. Entraba en sus aguas, me ahogaba a medias y en un cerrar de ojos me encontraba arriba, en lo alto del vertigo, misteriosamente suspendido, para caer despues como una piedra , y sentirme suavemente depositado en lo seco, como una pluma. Nada es comparable a dormir mecido en las aguas, si no es despertar golpeado por mil alegres latigos ligeros, por arremetidas que se retiran riendo.

Pero jamás llegue al centro de su ser. Nunca toque el nudo del ay y de la muerte. Quiza en las olas no existe ese sitio secreto que hace vulnerable y mortal a la mujer, ese pequeño boton electrico donde todo se enlaza, se crispa y se yergue, para luego desfallecer . Su sensibilidad, como las mujeres, se propagaba en ondas, solo que no eran ondas concentricas, sino excentricas, que se extendian cada vez mas lejos, hasta tocar otros astros. Amarla era prolongarse en contactos remotos, vibrar con estrellas lejanas que no sospechamos. Pero su centro... no, no tenia centro, sino un vacio parecido al de los torbellinos, que me chupaba y me asfixiaba.

Tendido el uno al lado de otro , cambiabamos confidencias, cuchicheos, risas. Hecha un ovillo, caia sobre mi pecho y alli se desplegaba como una vegetacion de rumores. Cantaba a mi oido, caracola. Se hacia humilde y transparente, echada a mis pies como un animalito, agua mansa. Era tan limpìda que podia leer todos sus pensamientos. Ciertas noches su piel se cubria de fosforecencias y abrazarla era abarazar un pedazo de noche tatuada de fuego. Pero se hacia tambien negra y amarga. A horas inesperadas mugia, suspiraba, se retorcia. Sus gemidos despertaban a los vecinos. Al oirla el viento del mar se ponia a rascar la puerta de la casa o deliraba en voz alta por alas azoteas. Los dias nublados la irritaban; rompia muebles, decia malas palabras, me cubria de insultos y de una espuma gris y verdosa. Escupia, lloraba, juraba, profetizaba. Sujeta a la luna, las estrellas, al influjo de la luz de otros mundos, cambiaba de humor y de semblante de una manera que a mi me parecia fantastica, pero que era tal como la marea.

Empezo a quejarse de soledad. Llene la casa de caracolas y conchas, pequeños barcos veleros, que en sus dias de furia hacia naufragar (junto con los otros, cargados de imagenes, que todas las noches salian de mi frente y se hundia en sus feroces o graciosos torbellinos). Cuantos pequeños tesoros se perdieron en ese tiempo! Pero no le bastaban mis barcos ni el canto silencioso de las caracolas. Confieso que no sin celos los veia nadar en mi amiga, acariciar sus pechos, dormir entre sus piernas, adornar su cabellera con leves relampagas de colores. Entre todos aquellos peces habia unos particularmente repulsivos y feroces, unos pequeños tigres de acuario, grandes ojos fijos y bocas hendidas y carniceras. No se por que aberracion mi amiga se complacia en jugar con ellos, mostrandoles sin rubor una preferencia cuyo significado prefiero ignorar. Pasaba largas horas encerrada con aquellas horribles criaturas.

Un día no pude mas; eche abajo la puerta y me arroje sobre ellos. Agiles y fantasmales, se me escapaban entre als manos mientras ella reia y me golpeaba hasta derribarme. Senti que me ahogaba. Y cuando estaba a punto de morir, morado ya, me deposito en la orilla y empezo a besarme, y humillado. Y al mismo tiempo la voluptuosidad me hizo cerrar los ojos. Porque su voz era dulce y me hablaba de la muerte deliciosa de loas ahogados.

Cuando volvi en mi, empece a temerla y a odiarla. Tenia descuidados mis asuntos. Empece a frecuentar los amigos y reanude viejas y queridas relaciones. Encontre a una amiga de juventud. Haciendole jurar que me guardaria el secreto, le conte mi vida con la ola. Nada conmueve tanto a las mujeres como la posibildad de salvar a un hombre.

Mi redentora empleo todas sus artes, pero, qué podia una mujer, dueña de un número limitado de almas y cuerpos, frente a mi amiga, siempre cambiante - y siempre identica a si misma en su metamorfosis incesantes? Vino el invierno. El cielo se volvio gris. La niebla cayo sobre la ciudad. Lovia una llovizna helada. Mi amiga gritaba todas las noches. Durante el día se aislaba, quieta y siniestra, mascullando una sola silaba, como una vieja que rezonga en un rincon. Se puso fria; dormir con ella era tirar toda la noche y sentir como se helaba paulatinamente la sangre, los huesos, los pensamientos. Se volvio impenetrable, revuelta. Yo salia con frecuencia y mis ausencias eran cada vez mas prolongadas. Ella, en su rincón, aullaba largamente. Con dientes acerados y lengua corrosiva roia los muros, desmoronaba las paredes. Pasaba las noches en vela, haciendome reproches. Tenía pesadillas, deliraba con el sol, con un gran trozo de hielo, navegando bajo cielos negros en noches largas como meses. Me injuriaba. Maldecía y reía; llenaba la casa de carcajadas y fantasmas. Llamaba a los monstruos de las profundidades, ciegos, rapidos y obtusos. Cargada de electricidad, carbonizaba lo que rozaba. Sus dulces brazos se volvieron cuerdas asperas que me estrangulaban. Y su cuerpo verdoso y elástico, era un látigo implacable, que golpeaba, golpeaba, golpeaba.

Huí. los horribles peces reían con risa feroz. Allà en las montañas, entre los altos pinos y los despeñaderos, respire el aire frio y fino como un pensamiento de libertad. Al cabo de un mes regresé. Estaba decidido. Había hecho tanto frío que encontré sobre el marmol de la chimenea, junto al fuego extinto, una estatua de hielo. No me conmovió su aborrecida belleza. Le eché en un gran saco de lona y salí a la calle, con la dormida a cuestas. En un restaurante de las afueras la vendí a un cantinero amigo, que inmediantamente empezó a picarla en pequeños trozos, que depositó cuidadosamente en las cubetas donde se enfrían las botellas.

 

Octavio Paz

 

2006年10月

perfecta

Esas marquitas que hay en tus piernas,
Que te acomplejan si vas sin medias,
Son las estrellas de mi universo,
Las que me guían cuando me pierdo,
Las que me alumbran cuando navego.

Que gracias me haces cuando me cuentas,
“Amor, mis tetas son tan pequeñas”,
y yo pregunto si es grande el viento,
y qué tamaño tiene el invierno,
qué coño importa si son perfectos…

Como la vida si voy contigo,
Como la muerte si es a tu lado,
Como tu boca tapando el frío,
Perfectos como una madre besando a un hijo.

Eres perfecta y aún así no te das cuenta,
Perfecta, perfecta, perfecta.
Eres perfecta como el sol, como la tierra
Perfecta, perfecta, perfecta.

Esos dos brazos no te los tapes,
No seas tan tonta si tú ya sabes
Que son las alas de mi esperanza,
Mis dos caminos para ir a casa,
El contrapeso de mi balanza.

Con tu sonrisa yo enciendo el mundo,
miro tu culo y veo el futuro,
En esos ojos yo me hago el muerto, 
con tus dos labios  llego hasta el cielo,
Tengo muy claro que son perfectos…

Como la vida si voy contigo,
Como la muerte si es a tu lado,
Como tu boca tapando el frío,
Perfectos como una madre besando a un hijo.

 

 

LUIS RAMIRO


2006年9月

unicornio

Mi unicornio azul ayer se me perdió, pastando lo dejé y desapareció;
cualquier información bien la voy a pagar, las flores que dejó no me han querido hablar. Mi unicornio azul ayer se me perdió, no sé si se me fue, no sé si se extravió y yo no tengo más que un unicornio azul; si alguien sabe de él le ruego información, cien mil o un millón yo pagaré. Mi unicornio azul se me ha perdido ayer, se fue. Mi unicornio y yo hicimos amistad, un poco con amor, un poco con verdad, con su cuerno de añil pescaba una canción, saberla compartir era su vocación. Mi unicornio azul ayer se me perdió y puede parecer acaso una obsesión, pero no tengo más que un unicornio azul y aunque tuviera dos, yo sólo quiero aquél, cualquier información la pagaré. Mi unicornio azul se me ha perdido ayer, se fue.
 
 
 
SILVIO RODRIGUEZ
 
 
 
2006年7月

mi cancion definitiva

Voy a hacer mi canción definitiva, la que cuenta y recuenta mi corta y larga vida,

a escribirla en tinta roja como todos los ladrillos de mi barrio, el rojo del fracasado, como el vino rancio

que se beben todos los borrachos....

cuánto me queda...
cuántos amigos se tiraron del camino..cuánto he llorado y por qué coño me he reído

en estos años
...qué canción me hizo morir estando vivo...

y qué día me afeité y se perdió todo mi niño...

no puedo soñar dormido si a la noche tengo frio..

24 años, 24 frases, 24 abrazos a mi mismo...cuándo tocaré en Las Ventas como Lennon y MC Cartney, como Silvio...

cuándo sonará el teléfono llamándome a gritos...

cuatro letras como las cuatro estaciones...Luis en soledad, Luis en gilipollas, Luis en hombre flojo, Luis en ser humano...

Quién me echará una mano y unas gracias a la vida...quién me dará una salida...un hasta pronto, un ten cuidado...

Las caricias de mi madre, los silencios de mi padre y mi hermano que es hermano más allá de toda sangre...

estoy llorando y no he empezado mi terapia de curar los malos sueños,
me he cansado resumiendo los orgasmos

en mi vida de frustrado
...cuando quiero que me quieran, se que pido demasiado, que la luna está muy cerca,

yo la he visto por mi barrio aunque no hay nadie que me crea y si miento no es pecado...

Tribunal y sus mil plazas, mis amigos los greñudos, muchos besos para ellos por si acaso no nos vemos,

y mi bajo y mi guitarra que no es mía...es de Maria...y Sarabia en discusiones...Y Sarabia como hermano...

Sarabia en ilusiones...

Mi pueblo y mis amigos se hacen viejos y me pierdo sus arrugas...sus vicios...y mi abuela ya se ha muerto...yo he llevado

su ataúd volando por todo el entierro... y aún recuerdo sus ojitos

diciéndome: " Mijito, si te encuentras solo, yo te encuentro algún amigo"...

Pero tengo otra gran madre..otra abuela siempre vieja, que me cura el desengaño si estoy triste...acojonado...

si me muero por la vida...

El Bola y tantos años de casados como hermanos...se pasaron de juguetes a nostalgias y cigarros...

Y David y los mil discos escuchados y ahora pienso por qué coño aún no nos hemos abrazado...

El Poli, los insultos, el cine, Villaverde, calimocho en aquel parque...los domingos de regreso hacia ninguna parte...

Neruda y compañía...los trenes para Atocha...mi autobús 59 y Madrid como un colegio y El Rastro como un recreo...

Bocadillos de tortilla, Pizza Hut y el comunismo....y mi cabeza no asimila lo que cambia en un segundo mi concepto de alegría...

Andrés y cada frase...nuestro grupo y la guitarra y el amigo y el amigo y el amigo que ahora somos....

24 resumidas...24 maldiciones...24.000 destinos que ahora sé que no son míos, y mi foto en el carnet que no soy yo sino un abismo...

Un "te quiero" de Melissa...un consuelo de Maria...
un "me gustas", "hasta pronto", tantas tantas despedidas

y el sonido inconfundible del dolor en mi garganta
...y mi gata que no entiendo por qué lloro junto a ella y la acaricio por la noche...

Mi discurso final ante el congreso de la vida sé que voy a improvisarlo cuando tenga ochenta años y con suerte...

que no temeré a la muerte si me coge sonriendo...

dónde estás...mi pasado...mi presente...cuántos pueblos me he dejado en la cuneta de mi mente....

que perdonen mis insultos...

mis molestias...

mis agravios...

que algún día todos sepan que he querido...

que he amado...

que esta casa sin personas no tendría ningún sentido, está muy claro...

24 libros buenos...

24 apariciones en mi vida....

24 colecciones tan privadas...sólo mias...porque nadie puede entrar en los pasillos de mi alma ni en el alma de ninguno...

cada cual tiene su mundo...

Y con esto acabo....

y no se vayan todavía....que aún hay más "verdulerías"...

ya les cuento en un futuro si todavía tengo fuerza de venderme por palabras...

esto es sólo un primer tomo...

suscribirse si interesa...y si no, pues hasta pronto...que voy a tender la ropa que ahora es lo que más me importa...

así que ya veré mañana...25, 26, 27 madrugadas...

me despido con un beso...

y ahora sí....

ahora sí que cuelgo...

que la ropa hay que tenderla...

que no quiero estar desnudo

para que me veáis por dentro...

 

 

LUIS RAMIRO


2006年7月

la oveja negra

En un lejano país existió hace muchos años una Oveja negra. Fue fusilada.

Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque.

Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura.

 

Augusto Monterroso

 


2006年5月

¿Quien sabe?

¿Te importa mucho que dios exista?

¿te importa que una nebulosa te dibuje el destino?

¿que tus oraciones carezcan de interlocutor?

¿que el gran hacedor pueda ser el gran injusto?

¿que los torturadores puedan ser hijos de dios?

¿que haya que amar a dios sobre todas las cosas

y no sobre todos los prójimos y prójimas?

¿Has pensado que amar al dios intangible

suele producir un tangible sufrimiento

y que amar a un palpable cuerpo de muchaha

produce en cambio un placer casi infinito?

¿acaso creer en dios te borra del humano placer?

¿habrá dios sentido placer al crear a eva?

¿habrá adán sentido placer cuando inventó a dios?

¿acaso dios te ayuda cuando tu cuerpo sufre?

¿o no es ni siquiera una confiable anestesia?

¿te importa mucho que dios exista? ¿o no?

¿su no existencia sería para tí una catástrofe

más terrible que la muerte pura y dura?

¿te importará si te enteras que dios existe

pero está inmerso en el centro de la nada?

¿te importará que desde el centro de la nada

se ignore todo y en consecuencia nada cuente?

¿te importaría la presunción

de que si bien tú existes

dios quién sabe?

 

BENEDETTI

2006年4月

me seduce...

Me seducen las mentes, me seduce la inteligencia, me seduce una cara y un cuerpo cuando veo a una mente que los mueve y que vale la pena conocer. Conocer, poseer, dominar, admirar. La mente Hache, yo hago el amor con las mentes, ¡hay que follarse a las mentes!!

 

 

MARTIN (H)

2006年3月

abrazame

cuando la copa de los sueños esta vacia
y miles de abejas jugando en las tripas me roban las noches
no me dejes solo ke ahora soy tan pekeño
y kuando despierto de una pesadilla nada cambia...
...y todo sigue igual
abrazame, abrazame, y no me digas nada,
 ke esta tristeza no me abandona y este miedo duele mas
abrazame, abrazame, y no me digas nada,
ke esta tristeza no me abandona y este miedo duele mas
 
abrazame, abrazame....
 
komo una noche de invierno en Noruega
un manto de escarcha, un corazon desnudo, tortura de vida...
no me dejes solo ke ahora soy tan pekeño
y kuando despierto de una pesadilla nada kambia
y todo sigue igual
abrazame abrazame y no me digas nada
ke esta tristeza no me abandona y este miedo duele mas
 
abrazame, abrazame....
 
 
 
 
DOCTOR DESEO
 
 
2006年3月

Diógenes

Un día, estaba Diógenes comiendo un plato de lentejas, sentado en el umbral de una casa cualquiera.

No había ningún alimento en toda Atenas más barato que el guiso de lentejas.

Dicho de otra manera, comer guiso de lentejas significaba que te encontrabas en una situación de máxima precariedad.

Pasó un ministro del emperador, y le dijo: "¡Ay, Diógenes! Si aprendieras a ser más sumiso y a adular un poco más al emperador, no tendrías que comer tantas lentejas".
Diógenes dejó de comer, levantó la vista, y mirando al acaudalado interlocutor intensamente, contestó: "Ay de ti, hermano. Si aprendieras a comer un poco de lentejas, no tendrías que ser sumiso y adular tanto al emperador".
 

Del libro "Déjame que te cuente". JORGE BUCAY.
2006年2月

La traición de Wendy

Uno de los finales más tristes que yo jamás leí es el final de Peter Pan. El tiempo pasa y pasa para todos; Wendy crece y se hace toda una mujer, y tiene una niña que se parece a ella cuando se escapaba con Peter Pan.

Una noche, pasado mucho, mucho tiempo desde la última vez que se vieron, Peter Pan irrumpe en la habitación de Wendy para buscarla, para llevársela de nuevo al Nunca Jamás. Pero el tiempo no pasa en balde, Wendy no es una niña. Cuando él le dice: “vengo a por ti”, ella le dice: “no des la luz”. Porque dar la luz supone enfrentarse a la jodida certeza de que hemos crecido.

Alguien entró de golpe en la habitación y encendió la luz. Y nos dimos cuenta de que casi no quedan niños. De que negamos el derecho a la infancia para los que la merecen. Si Peter Pan viniera a buscarnos, no den la luz. No vayan a descubrir que…, descubrir que le hemos traicionado, que hemos crecido demasiado.
 
 
ISMAEL SERRANO
2006年2月

A un año del principio

A un año del principio, ya no me corrían duendes por la tripa, ni le veía tan guapo, ni tan tierno, ni tan sabio. Conocía de memoria todas sus sonrisas, sus caricias, sus gestos, sus historias y su cuerpo. No es sólo que ya no fuéramos capaces de sorprendernos, es que ya ni siquiera lo intentábamos, anclados como estábamos en la cómoda rutina de una vida tranquila.

 Podría haber durado años y no habría estado mal, pero un día a un año del principio, se me ocurrió pensarlo. Y al pensarlo, me di cuenta de que yo cada vez volvía más tarde del trabajo y él cada vez se traía más trabajo a casa y recordé que ambos queríamos, no hace tanto, tener poco trabajo y mucho tiempo para nada. Así que metí mi ropa en su maleta, compré chocolate para su nevera y me fui de su casa dejándole el hueco de mi cabeza en su almohada.

 Y empecé de nuevo otro principio y no quise mirar atrás. Dejé el trabajo, me compré una moto y me dejé llevar. Y volvieron a mi estómago los duendes y a mi cara el viento y a mis ojos, cada día, lugares nuevos y a mis labios besos que nunca había probado y todo iba bien.

Pero sucedió que un día, a un año del principio, se me ocurrió pensarlo. Y al pensarlo me di cuenta de que todas las carreteras eran, en realidad, muy parecidas y que todos los besos sabían siempre a despedida y que el viento manchaba siempre mi cara del humo que desprenden los camiones y recordé que, no hace tanto, yo quería que mi moto me llevase a alguna parte. Así que vendí mi moto, alquilé un cuarto y conseguí un trabajo.

 Y empecé, de nuevo, otro principio y no quise mirar atrás. Pero hoy, a un año del principio, me ha dado por pensarlo. Y al pensarlo, sin poder evitarlo, he vuelto la vista atrás y he visto una vida llena de principios y de años y me he sentido tentada de quedarme para siempre en mi cuarto con mi vieja soledad. Y no he podido. Y he devuelto las llaves y he dejado el trabajo y aquí estoy, en este bar, mirando a ver cómo lo hago para volver a empezar, de nuevo, otro principio un poco más cansado.

 

 

NURIA GÓMEZ DE LA CAL

2006年2月

JOSE SARAMAGO (PARTE 2)

(...)

        La inopinada aparición del rey (nunca  tal cosa había sucedido desde que usaba corona en la cabeza) causó una sorpresa desmedida, no sólo a los dichos candidatos, sino también entre la vecindad que, atraída por el alborozo repentino, se asomó a las ventanas de las casas, en el otro lado de la calle.

          La única persona que no se sorprendió fue el hombre que vino a pedir un barco. Calculaba él, y acertó en la previsión, que el rey, aunque tardase tres días, acabaría sintiendo la curiosidad de ver la cara de quien, nada más y nada menos, con notable atrevimiento, lo había mandado llamar. Dividido entre la curiosidad irreprimible y el desagrado de ver tantas personas juntas, el rey, con el peor de los modos, hizo tres preguntas seguidas, Tú qué quieres, Por qué no dijiste lo que querías, Te crees que no tengo más nada que hacer; pero el hombre sólo respondió a la primera pregunta, Dame un barco, dijo. El asombro dejó al Rey hasta tal punto desconcertado, que la mujer de la limpieza se vio obligada a acercarle una silla de enea, la misma en que ella se sentaba (...) Mal sentado, porque la silla de enea era mucho más baja que el trono, el rey buscaba la mejor manera de acomodar las piernas (...) Y tú para qué quieres un barco, si puede saberse, fue lo que el rey preguntó (...) Para buscar la isla desconocida, respondió el hombre, Qué isla desconocida, preguntó el rey, disimulando la risa, como si tuviese enfrente a un loco de atar, de los que tienen manías de navegaciones, a quien no sería bueno contrariar así de entrada, La isla desconocida, repitió el hombre, Hombre, ya no hay islas desconocidas, Quién te ha dicho, rey, que ya no hay islas desconocidas, Están todas en los mapas, En los mapas, están sólo las islas conocidas, Y qué isla desconocida es esa que tú buscas, Si te lo pudiese decir, entonces no sería desconocida, A quién has oído hablar de ella, preguntó el rey, ahora más serio, A nadie, En ese caso, por qué te empeñas en decir que ella existe, Simplemente porque es imposible que no exista una isla desconocida, Y has venido aquí para pedirme un barco, Sí, vine aquí para pedirte un barco, Y tú quién eres para que yo te lo dé, Y tú quién eres para no dármelo, Soy el rey de este reino y los barcos del reino me pertenecen todos, Más les pertenecerás tú a ellos que ellos a ti, Qué quieres decir, preguntó el rey inquieto, Que tú sin ellos eres nada, y que ellos, sin ti, pueden navegar siempre, Bajo mis órdenes, con mis pilotos y mis marineros, No te pido marineros ni piloto, sólo te pido un barco, Y esa isla desconocida, si la encuentras, será para mí, A ti, rey, sólo te interesan las islas conocidas, También me interesan las desconocidas, cuando dejan de serlo, Tal vez ésta no se deje conocer, (...)
 
CONTINUARÁ...
2006年1月

el principito

 le dijo el zorro al principito:

-Vuelve y observa una vez más el jardín de rosas. Ahora comprenderás que tu rosa es única en el mundo. Cuando vuelvas para decirme adiós, yo te regalaré un secreto.

 Se dirigió el principito nuevamente a la rosas:

 -En absoluto os parecéis a mi rosa. Nadie os ha domesticado y no habéis domesticado a nadie. Así era mi zorro antes, semejante a cien mil otros. Al hacerlo mi amigo, ahora es único en el mundo.

 Las rosas se mostraron ciertamente molestas.

 -Sois bellas, pero aún estáis vacías-agregó todavía- Nadie puede morir por vosotras. Es probable que una persona común crea que mi rosa se os parece. Ella siendo sólo una, es sin duda más importante que todas vosotras, pues es ella la rosa a quien he regado, a quien he puesto bajo un globo; es la rosa que abrigué con el biombo. Ella es la rosa cuyas orugas maté (excepto unas pocas que se hicieron mariposas). Ella es a quien escuché quejarse, alabarse y aún algunas veces, callarse. Ella es mi rosa...

 

Regresó hacia donde estaba el zorro:

 -Adiós-dijo.

 -Adiós-dijo el zorro- Mi secreto es muy simple: no se ve bien sino con el corazón; lo esencial es invisible a los ojos.

 -Lo esencial es invisible a los ojos-repitió el principito a fin de acordarse.

 -El tiempo que dedicaste por tu rosa, es lo que hace que ella sea tan importante para ti.

 -El tiempo que dediqué por mi rosa...-repitió el principito para no olvidar.

 -Los hombres ya no recuerdan esta verdad-dijo el zorro- En cambio tú, por favor... no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa...

 -Soy responsable de mi rosa...-dijo en voz alta el principito a fin de recordar...

 

2006年1月

JOSE SARAMAGO(PARTE 1)

    Un hombre llamó a la puerta del rey y le dijo, Dame un barco. La casa del rey tenía muchas más puertas, pero aquélla era la de las peticiones. Como el rey se pasaba todo el tiempo sentado ante la puerta de los obsequios (entiéndase: los obsequios que le ofrecían a él), cada vez que oía que alguien llamaba a la puerta de las peticiones se hacía el desentendido, y sólo cuando el continuo repiquetear de la aldaba de bronce subía a un tono, más que notorio, escandaloso, impidiendo el sosiego de los vecinos (las personas comenzaban a murmurar, Qué rey tenemos, que no atiende), daba orden al primer secretario para que fuera a ver lo que quería el impetrante, que no había manera de que se callara. Entonces, el primer secretario llamaba al segundo secretario, éste llamaba al tercero, que mandaba al primer ayudante, que a su vez mandaba al segundo, y así hasta llegar a la mujer de la limpieza, que, no teniendo en quien mandar, entreabría la puerta de las peticiones y preguntaba por el resquicio. Y tú, qué quieres. El suplicante decía a lo que venía, o sea, pedía lo que tenía que pedir, después se instalaba en un canto de la puerta, a la espera de que el requerimiento hiciese, de uno en uno, el camino contrario, hasta llegar al rey. Ocupado como siempre estaba con los obsequios, el rey demoraba la respuesta, y ya no era chica señal de atención al bienestar y felicidad del pueblo cuando pedía un informe fundamentado por escrito al primer secretario, que, excusado será decirlo, pasaba el encargo al segundo secretario, éste al tercero, sucesivamente, hasta llegar otra vez a la mujer de la limpieza, que opinaba sí o no de acuerdo con el humor con que se hubiera levantado.Sin embargo, en el caso del hombre que quería un barco, las cosas no ocurrieron así. Cuando la mujer de la limpieza le preguntó por el resquicio de la puerta, Y tú qué quieres, el hombre, en vez de pedir, como era la costumbre de todos, un título, una condecoración, o simplemente dinero, respondió, Quiero hablar con el rey, Ya sabes que el rey no puede venir, está en la puerta de los obsequios, respondió la mujer, Pues entonces ve y dile que no me iré de aquí hasta que él venga personalmente para saber lo que quiero, remató el hombre, y se tumbó todo lo largo que era en el rellano, tapándose con una manta porque hacía frío. Entrar y salir sólo pasándole por encima. Ahora bien, esto suponía un enorme problema, si tenemos en consideración que, de acuerdo con la pragmática de las puertas, sólo se puede atender a un suplicante de cada vez, de donde resulta que mientras haya alguien esperando una respuesta, ninguna otra persona podrá aproximarse para exponer sus necesidades o sus ambiciones. A primera vista, quien ganaba con este artículo del reglamento era el rey, puesto que al ser menos numerosa la gente que venía a incomodarlo con lamentos, más tiempo tenía, y más sosiego, para recibir, contemplar y guardar los obsequios. A segunda vista, sin embargo, el rey perdía, y mucho, porque las protestas públicas, al notarse que la respuesta tardaba más de lo que era justo, aumentaban gravemente el descontento social, lo que, a su vez, tenía inmediatas y negativas consecuencias en el flujo de obsequios.En el caso que estamos narrando, el resultado de la ponderación entre los beneficios y los perjuicios fue que el rey, al cabo de tres días, y en real persona, se acercó a la puerta de las peticiones (...)
 
 
 
CONTINUARA....
2005年12月

la furia y la tristeza

En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta... En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas... Había una vez... Un estanque maravilloso. Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente... Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia. Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas las dos, entraron al estanque. La furia, apurada (como siempre está la furia), urgida - sin saber por qué - se baño rápidamente y más rápidamente aún, salió del agua... Pero la furia es ciega, o por lo menos, no distingue claramente la realidad, así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró... Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza... Y así vestida de tristeza, la furia se fue. Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre, a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque. En la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba. Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia. Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad... está escondida la tristeza.

 

 

JORGE BUCAY

2005年12月

la sonrisa etrusca

El blanquísimo ángel aparece en la oscura puerta y eleva sus brazos al cielo. Sorprendido al no sentirse volar hacia el pecho del viejo, como cada noche, pronuncia unas sílabas en su misterioso lenguaje y da unos pasitos hasta tocar la cama.

El viejo abre los ojos y percibe la clara presencia. Se incorpora -¿por qué, hoy, tanto cansancio?-y levanta al ángel hasta la cama, sentándole a su lado.

El niño acerca su cuerpecito al torso del viejo buscando los brazos acogedores de cada noche.

-¡Argel mío, topas como mi Lambrino!.. Y ¡qué valiente eres! Tan pequeñín y trayéndome el parte... Pero tendrás frío; hay que guardarse del relente... No te apures, te abri­garé bien.

El viejo coge la manta extendida a sus pies y envuelve en ella al niño, que gruñe y agita enérgico sus manecitas rechazándola:

-Tienes razón; mejor así, junto a mí. Acunadito, para eso tienes abuelo... ¡Cómo no voy a abrazarte! Estoy fuerte, no me canso, y menos en el coche. ¡Si esto es guerra, ven­gan balas!... De súbito, su dulce carga le pesa infinitamente y el viejo ya no puede sostenerla. «Como a san Cristóforo», piensa, mientras le hiere un dolor en el pecho, un calambre feroz arrancándole el brazo. Cae de rodillas sobre la cama, soltando al niño.

-Me han dado, hijo; un fascista emboscado... Pero no tengas miedo; estás con Bruno... ¡Con Bruno! Y siempre tengo suerte con las balas... Pronto llegaremos y Hortensia nos espera. Te cuidará mientras me curo... Ya la quieres y ahora es tu abuela, ¿sabes? ¡La mejor del mundo!... No te apures, tesoro; te llevaré a sus brazos... Pero no te distraigas, va a amanecer.

Para arrancarse el dolor se da tal zarpazo en el pecho que la bolsita de amuletos, roto el cordón, cae sobre la cama.

-¡Cabrón de tirador! -ruge. Pero el rugido acaba en sofocada queja.

Se sienta, apoyando la espalda contra la cabeza. Murmura:

-Veo mal... El sol... Me ciega, al salir de la umbría...

Calla para ahorrar fuerzas, pero su mente prosigue, mientras el dolor va cerrando implacable tenaza en torno a su pecho.

«Nada, no es nada... Oyes?... Vuelvo como quería: victorioso y contigo. ¡Contigo, mi angelote!»

El niño, inquieto ante esta noche tan diferente, gatea por la cama hacia el viejo. Se agarra temeroso al brazo ya paralizado y se pone en pie, su carita junto a la del abuelo, esperando, esperando... De golpe, su instinto le revela el desplome del mundo, la tiniebla vacía. El aletazo de la soledad le arranca la palabra tantas veces oída:

-Non-no -pronuncia nítidamente, frente a ese rostro cuyos ojos le buscan ya sin verle, pero cuyos oídos aún le oyen, anegados de júbilo. Y repite el conjuro, su llamada de cachorro perdido-. Nonno, nonno. ¡Nonno!

¡Por fin ese cántico celeste!

Colores de ultramundo, lumbres de mil estrellas incendian el viejo corazón y le arrebatan a esta gloria, esta grandeza, esta palabra insondable:

 

¡NONNO!

 

A ella se entrega para siempre el viejo, invocando el nombre infantil que sus labios ya no logran pronunciar.

El niño, en su desamparo, inicia un gemido. Pero se calma al olfatear en la vieja manta el rastro de los brazos que le acunaban. Se envuelve confiado en sus pliegues, en ese olor que reconstruye el mundo al devolverle la presencia de su abuelo, y clama, orgulloso de su proeza, una y otra vez:

-¡Nonno, nonno, nonno, nonno...!

Sus manitas, mientras tanto, juguetean con los amuletos.

En la carnal arcilla del viejo rostro ha florecido una sonrisa que se petrifica poco a poco, sobre un trasfondo sanguíneo de antigua terracota.

 

 

 

 

 

JOSE LUIS SAMPEDRO

 

2005年11月

espero curarme de ti

Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de
fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible.
Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me
receto tiempo, abstinencia, soledad.

¿Te parece bien que te quiera nada más una semana?
No es mucho, ni es poco, es bastante. En una
semana se pueden reunir todas las palabras de amor
que se han pronunciado sobre la tierra y se les
puede prender fuego. Te voy a calentar con esa
hoguera del amor quemado. Y también el silencio.
Porque las mejores palabras del amor están están entre dos
gentes que no se dicen nada.

Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y
subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que
te quiero cuando digo: "qué calor hace", "dame
agua", "¿sabes manejar?,"se hizo de noche"... Entre
las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he
dicho "ya es tarde", y tú sabías que decía "te
quiero".)

Una semana más para reunir todo el amor del
tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que tú
quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No
sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para
entender las cosas. Porque esto es muy parecido a
estar saliendo de un manicomio para entrar a un
panteón.
 
                                       
 
 
JAIME SABINES
2005年11月

necesito a alguien

"Necesito a Alguien"
Que me mire a los ojos cuando hablo
Que escuche mis tristezas y neurosis
con paciencia y aun cuando no comprenda,
respete mis sentimientos.

Necesito de alguien
que venga a luchar a mi lado sin ser llamado.
Alguien lo suficientemente amigo para
decirme las verdades que no quiero oir,
aun sabiendo que puedo irritarme.

Por eso, en este mundo de indiferentes,
necesito de alguien que crea
en esa cosa misteriosa, desacreditada, casi imposible:
la amistad.
Que se obstine en ser leal, simple y justo.
Que no se vaya si algún día pierdo mi oro
y no pueda ser mas la sensación de la fiesta.

Necesito de un amigo que reciba con gratitud
mi auxilio, mi mano extendida,
aun cuando eso sea muy poco para sus necesidades.

No pude elegir a quienes me trajeron al mundo,
pero puedo elegir a mi amigo.
En esta búsqueda empeño mi propia alma,
pues con una amistad verdadera,
la vida se torna mas simple, mas rica y mas bella...

 
 
CHARLIE CHAPLIN

ultimamente

Últimamente ando algo perdido,
me han vencido viejos fantasmas,
nuevas rutinas.

Y en cada esquina acecha un ratero
para robarme las alhajas, los recuerdos,
las felicidades.

De un tiempo a esta parte
llego siempre tarde
a todas mis citas.

Y la vida me parece una fiesta
a la que nadie
se ha molestado en invitarme.

De un tiempo a esta parte
me cuesta tanto, tanto, tanto, no amarte,
no amarte.

Últimamente ando desconcertado,
así que ponte a salvo, porque en este estado
ando como loco.

Y me enamoro de mujeres comprometidas,
llenas de abrazos,
llenas de mentiras.

De un tiempo a esta parte, a mi amor propio algo le falta,
lo has dejado unos puntos
por debajo del de Kafka.

Y la vida me parece una fiesta
a la que nadie
se ha molestado en invitarme.

De un tiempo a esta parte
me cuesta tanto, tanto, tanto, no amarte,
no amarte.

Últimamente planeo una huida
para rehacer mi vida,
probablemente en Marte.

Seguro que allí no hay nadie empeñado en aconsejarme:
"Ismael, ¿qué te pasa?
No estudias, no trabajas".

Y qué vamos a hacerle,
si es que últimamente ando algo perdido,
si te necesito.

Si de un tiempo a esta parte
me cuesta tanto, tanto, tanto, no amarte,
no amarte.

Han de venir tiempos mejores,
cometeré más errores, daré menos explicaciones,
y haré nuevas canciones

en las que te cuente cómo, últimamente,
son tan frecuentes tristes amaneceres
ahogando mis finales,

repetidos, cansados,
miserables,
llenos de soledades.

De un tiempo a esta parte
me cuesta tanto, tanto, tanto, no amarte,
no amarte.
 
 
 
 
 
ISMAEL SERRANO
2005年11月

Memoria de mis putas tristes

 Pasé hasta una semana sin quitarme el mameluco de mecánico ni de día ni de noche, sin bañarme, sin afeitarme, sin cepillarme los dientes, porque el amor me enseñó demasiado tarde que uno se arregla para alguien, se viste y se perfuma para alguien, y yo nunca había tenido para quién. Damiana creyó que estaba enfermo cuando me encontró desnudo en la hamaca a las diez de la mañana. La vi con los ojos turbios de la codicia y la invité a revolearnos desnudos. Ella, con un desprecio, me dijo:

 

-¿Ya pensó lo que va a hacer si le digo que sí?

 

Así supe hasta qué punto me había corrompido el sufrimiento. No me reconocía a mí mismo en mi dolor de adolescente. No volví a salir de la casa por no descuidar el teléfono. Escribía sin descolgarlo, y al primer timbrazo le saltaba encima pensando que pudiera ser Rosa Cabarcas. Interrumpía a cada rato lo que estuviera haciendo para llamarla, e insistí días enteros hasta comprender que era un teléfono sin corazón.

 

 

 

GABRIEL GARCIA MARQUEZ

2005年10月

el criado del rico mercader

EL CRIADO DEL RICO MERCADER

Érase una vez, en la ciudad de Bagdad, un criado que servía a un rico mercader. Un día, muy de mañana, el criado se dirigió al mercado para hacer la compra. Pero esa mañana no fue como todas las demás, porque esa mañana vio allí a la Muerte y porque la Muerte le hizo un gesto.

Aterrado, el criado volvió a la casa del mercader.

—Amo —le dijo—, déjame el caballo más veloz de la casa. Esta noche quiero estar muy lejos de Bagdad. Esta noche quiero estar en la remota ciudad de Ispahán.

—Pero ¿por qué quieres huir?

—Porque he visto a la Muerte en el mercado y me ha hecho un gesto de amenaza.

El mercader se compadeció de él y le dejó el caballo, y el criado partió con la esperanza de estar por la noche en Ispahán.

Por la tarde, el propio mercader fue al mercado, y, como le había sucedido antes al criado, también él vio a la Muerte.

—Muerte —le dijo acercándose a ella—, ¿por qué le has hecho un gesto de amenaza a mi criado?

—¿Un gesto de amenaza? —contestó la Muerte—. No, no ha sido un gesto de amenaza, sino de asombro. Me ha sorprendido verlo aquí, tan lejos de Ispahán, porque esta noche debo llevarme en Ispahán a tu criado.

 

 

OBABAKOAK- BERNARDO ATXAGA

 
尚未添加列表。
第 1 张,共 47 张